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viernes, 9 de octubre de 2015

ABRASA EL UNIVERSO CON AMOR...PAZ , PALABRAS DE VIDA Y DE DIOS...


Palabra de Vida
¿Has experimentado alguna vez una sed de infinito? 

¿Has sentido alguna vez en tu corazón el deseo ardiente de abrazar la inmensidad?
O ¿tal vez has advertido en algún momento, en lo más intimo de tí, la insatisfacción por todo lo que haces y por lo que eres?
Si es así, te gustará encontrar una fórmula que te dé la plenitud que anhelas: algo que no te deje sinsabores por los días que se van medio vacíos...
Hay una frase del Evangelio que nos hace pensar y que, apenas la comprendemos un poco, nos hace saltar de alegría. En ella está concentrado todo cuanto debemos hacer en la vida. Resume todas las leyes impresas por Dios en el fondo del corazón de cada hombre. Escúchala:
Todo lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos: ésta es la Ley y los Profetas“ ( Mt 7,12).

Esta frase se llama “la regla de oro”.
 Escúchala de nuevo: Cuando se lee es bonita y suena como un eslogan.
 “ Todo lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos”.
 Amemos así a cualquier prójimo... hombre o mujer, que encontremos durante el día. Imaginémos que estamos en su situación y tratémoslo como quisiéramos ser tratados nosotros en su lugar.
La voz de Dios que habita dentro de nosotros nos sugerirá la expresión de amor adecuada para cualquier circunstancia.
¿Tiene hambre? Pensemos: soy yo quien la tiene. Y démosle de comer.
¿Sufre injusticias? ¡Soy yo quien las sufre!
¿Está en la oscuridad o en la duda? Soy yo quien lo está. Digámosle palabras de consuelo y compartamos sus sufrimientos, y no nos quedemos tranquilos hasta que no esté iluminado y aliviado. Nosotros quisiéramos ser tratados así.
¿Es un minusválido? Quiero amarlo hasta el punto de sentir en mi cuerpo y en mi corazón su limitación física, y el amor me sugerirá el modo exacto de actuar para que se sienta igual que los demás, es más, con una gracia mayor, porque los cristianos sabemos cuánto vale el dolor.


Y así con todos, sin discriminación alguna entre el simpático y el antipático, entre el joven y el anciano, entre el amigo y el enemigo, entre el compatriota y el extranjero, entre el guapo y el feo... El Evangelio quiere decir a todos.
Pero ¡ánimo! Intentémoslo. Un día empleado de este modo vale una vida. Y por la noche ya no nos reconoceremos a nosotros mismos.
Una alegría desconocida nos invadirá. Una fuerza nos investirá. Dios estará con nosotros, porque está con quienes aman.
Los días se irán sucediendo con plenitud. Quizás a veces aflojaremos, estaremos tentados de desanimarnos, de claudicar. Y desearíamos volver a la vida de antes...
¡Pero no! ¡Ánimo! Dios nos da la gracia. Volvamos a empezar siempre. Si perseveramos, veremos cambiar lentamente el mundo a nuestro alrededor.
Comprenderemos que el Evangelio contiene la vida más fascinante, enciende la luz en el mundo, da sabor a nuestra existencia, contiene el principio para resolver todos los problemas.
Y no estaremos tranquilos hasta que no comuniquemos nuestra extraordinaria experiencia a otros: a los amigos que puedan comprendernos, a los familiares, a todo aquel a quien nos sintamos empujados a dársela. Renacerá la esperanza.
Todo lo que queráis que os hagan los hombres hacédselo también vosotros a ellos”...

Cuando veas las necesidades que hay en ti y las necesidades de quiene piden una mano que les ayuden...Verás que tus necesidades no son nada comparadas a quienes están pasando malos momentos y necesidades.

Han de tener siempre presente que el ayudar y ser bondadoso con los demás, llena el alma de paz... Y cuando compartes con amor...Cuando menos lo piensas vuelve a ti multiplicado...
Dios colme sus vidas de amor paz y bendiciones...

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